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Cómo dar malas noticias

Dar una noticia que va a cambiar la vida de alguien —un diagnóstico grave, la muerte de un ser querido, una pérdida repentina— es una de las conversaciones más difíciles que existen. La mayoría de las veces la improvisamos, guiados por el instinto de “hacerlo rápido” o “suavizarlo” con frases de consuelo automáticas. Pero la manera en que se entrega una mala noticia afecta directamente cómo la persona la procesa después.

En medicina, donde este momento se repite constantemente, se desarrolló un protocolo para estructurar esa conversación: el modelo SPIKES, publicado originalmente en el contexto de oncología, pero aplicable a cualquier situación en la que alguien tenga que comunicar algo doloroso a otra persona.

El protocolo SPIKES, paso a paso

S — Setting (preparar el entorno). Antes de decir nada, prepara el momento: busca un espacio privado, siéntate frente a la persona (no de pie ni a distancia), evita interrupciones y ten claro de antemano qué vas a decir. El entorno equivocado —un pasillo, una llamada apurada, un mensaje de texto— ya distorsiona cómo se recibe la noticia.

P — Perception (percepción). Antes de hablar, pregunta qué sabe o qué sospecha la persona hasta ese momento (“¿qué te han comentado hasta ahora?”, “¿cómo has visto la situación?”). Empezar desde ahí, en vez de soltar la noticia de golpe, te da información sobre cómo dosificarla.

I — Invitation (invitación). Pregunta, explícita o implícitamente, cuánto detalle quiere conocer la persona en ese momento. No todos procesan la información al mismo ritmo ni quieren los mismos detalles de inmediato — algunos necesitan la versión completa; otros, solo lo esencial por ahora.

K — Knowledge (conocimiento). Comparte la noticia con lenguaje simple y directo, sin tecnicismos ni eufemismos que generen confusión. Es mejor decir “murió” que “ya no está” o “se fue” — la ambigüedad, aunque parezca más suave, puede prolongar la confusión inicial. Da la información en fragmentos pequeños, verificando que se va comprendiendo.

E — Emotions (emociones). Después de la noticia viene la reacción —silencio, llanto, enojo, incredulidad— y ahí no hay que llenar el espacio con palabras. Nombra lo que ves (“veo que esto te tomó por sorpresa”), valida la emoción sin intentar corregirla o apurarla, y da tiempo antes de seguir hablando.

S — Strategy (estrategia y siguientes pasos). Cuando la persona esté lista, ayuda a definir qué sigue: qué decisiones hay que tomar, quién puede acompañar, cuáles son los próximos pasos concretos. Esto da un punto de apoyo práctico en medio de la incertidumbre, sin adelantarse ni presionar.

Lo que cambia fuera del consultorio

El protocolo nació para médicos dando diagnósticos, pero la misma estructura funciona para avisarle a un familiar que alguien murió, decirle a un hijo que sus papás se van a divorciar, o comunicar un despido. Los errores más comunes se repiten en todos los contextos:

  • Dar la noticia por teléfono o mensaje cuando se podría hacer en persona.
  • Rodear la noticia con demasiado preámbulo, lo que genera ansiedad anticipatoria antes de decir lo importante.
  • Llenar el silencio posterior con explicaciones, justificaciones o consuelos apresurados, en vez de dejar que la persona reaccione.
  • Usar eufemismos ambiguos que la persona tiene que descifrar además de procesar el golpe.
  • Dar la noticia y desaparecer, sin ofrecer ningún acompañamiento inmediato después.

Para escuchar

Sobre este mismo tema, recomendamos el episodio ¿Cómo dar malas noticias? del podcast Después de la pérdida, de la tanatóloga Gaby Pérez Islas, quien aborda el tema desde su experiencia acompañando procesos de duelo.

Este artículo resume un protocolo de comunicación usado en contextos médicos y de acompañamiento, con fines informativos. No sustituye la formación profesional en tanatología, psicología o tanatología clínica para quienes deban dar este tipo de noticias de forma recurrente.

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